René Gonzalez junto a su esposa Olga Salanueva en Santiago de Cuba |
La
historia a contar no es una cosa de dioses aunque pudieran serlos, se trata de
hombres colocados en la Tierra como para hacer el bien por voluntad divina,
mientras otros tantos cuales fariseos canallescos se encargan de entorpecer su
labor. De un héroe y un poeta trata esta historia… o más exactamente: de un héroe
que no pretende serlo y de un poeta que aspira a ponerse a los pies de la
grandeza.
El
Héroe de mi historia, que es René González, fue nombrado como tal por la
República de Cuba. El y su esposa Olga Salanueva visitaron recientemente a la
ciudad de Santiago de Cuba. De allí confesaron salir con los equipajes cargados
de optimismo, de historia y de heroísmo. Contramaestre es parte de este halago,
porque en uno de esos equipajes de seguro van guardadas celosamente dos
cuartillas escritas por un hombre sencillo y carcajeante: Virgilio Estrada, el
decimista de estas tierras, a quien su pueblo ha nombrado exclusivamente como
“el poeta”.
No
voy a contar la historia completa de los dos. De René González, la humanidad se
encargará de colocarle en la gloria junto a otros cuatro cubanos luchadores
contra el terrorismo. Y en el caso de Virgilio Estrada, solo una pincelada para conocerlo: un humilde
guajiro de la Sierra Maestra que tanta historia carga a cuestas y que fue capaz
de vender hasta sus objetos personales en una ocasión, para intentar hacer una
caminata hasta La Habana y entregar allí sus décimas por los Cinco Héroes
Antiterroristas Cubanos. El empeño no fructificó y Virgilio tuvo que esperar
muchos meses para encontrarse con uno de los Cinco Héroes.
En
esta historia el optimismo pudo más que la espera. El pasado 13 de Junio del
2014, otro de los Héroes de la República de Cuba, Fernando González, escucho en
Contramaestre las décimas del poeta de esta historia, cantada por un grupo de
música tradicional cubana que responde al nombre artístico de “Lolo y sus
muchachos” Tanta fue la ternura y la emoción, que Fernando prometió regresar a esta
ciudad junto a sus cuatro hermanos de lucha contra el terrorismo, cuando todos fueran
libres. Aquel 13 de junio por azares de la vida, tampoco Virgilio pudo estar
con sus héroes de ensueño.
Fernando González con Lolo y sus muchachos |
Al
encuentro con René González marchamos el pasado miércoles 21 de octubre del
2014 Virgilio Estrada y este reportero. El Instituto Cubano de Amistad con los
Pueblos de Santiago de Cuba (ICAP), nos acogió en medio de una oleada de
pioneros, artistas, periodistas, integrantes de organizaciones no
gubernamentales, combatientes de la Revolución Cubana, trabajadores de la
educación y decenas de santiagueros que se dieron cita allí para recibir los
testimonios de un hombre, que parece como extraído de las paginas de un libro
de aventuras y que niega ser un héroe por la sencillez de sus palabras.
Mis
improvisados fotógrafos de la radio Ivón Palau Infante y Néstor Clavería
Milanés, disfrutaron mucho más que yo de este momento de grandeza.
![]() |
Una de mis fotógrafas posa junto a René y Olga |
Esa
tarde de miércoles no alcanzaba el tiempo para los oradores y al poeta Virgilio
no le concedían la palabra para expresar sus versos. En medio del nerviosismo
por la espera en una improvisada tribuna abierta, intercambié con el poeta
anécdotas sobre dos encuentros con el Comandante en Jefe Fidel Castro hace
muchos años y un atrevido ascenso al Pico Turquino sin siquiera un guía.
Mientras
tanto René González contaba de cómo él y sus compañeros desafiaron a los jueces
del amañado proceso en el Sur de la Florida, de cómo ya contaban con la amistad
se las secretarias de la sala de audiencias para lograr una traducción fiel de
sus alegatos y sobre la impotencia de la presidenta del tribunal, demostrada
con su rostro gacho, ante las evidentes acusaciones de los 5 Héroes Cubanos.
René
pareció el muchacho alborozado pero al mismo tiempo sumamente serio y hasta
triste al reconocer, que si los cubanos todos y la humanidad solidaria no hacen
patente su adhesión a la causa de su libertad, Gerardo Hernández Nordelo puede
morir en la cárcel y no tener la dicha de tener un hijo, pues sus condenas
suman dos vidas y otra vida más en prisión perpetua.
Las
anécdotas afloraron pero de pronto… la
voz del conductor de la conferencia de prensa anunció que el tiempo había
terminado y que una pionerita santiaguera cerraría las intervenciones. Parecía
que una vez más el poeta quedaría con sus versos al hombro, pero
sorpresivamente su figura menuda se hizo enorme a lo largo del pasillo central
del evento. En un arrebato muy cubano, Virgilio, sorteó el gentío con largos
pasos y llegó hasta René, le entregó dos cuartillas de versos y fotos y
estrechó sus manos en medios de frases amistosas y apretones de mano.
![]() | |
Virgilio Estrada entrega sus décimas a René González |
Virgilio
había cumplido parte de los sueños y todo parecía el fin de sus deseos. Regresó
a su asiento como un niño alborozado y pronunciando con firmeza: ¡Yo no podía
irme de este encuentro, sin cumplir mi misión!
La
sorpresa colmó a todos minutos antes de
la partida de René. Micrófono en mano, el héroe proclamó tener el privilegio de
cerrar sus testimonios con la lectura íntegra de las dos cuartillas de Virgilio
Estrada. Las dos últimas líneas parecían entrañar el deseo de todos los
cubanos:
“Confío
pronto estarán, en
Cuba todos reunidos, porque
estamos convencidos , que
los Cinco volverán”
Confieso
que a partir de estas letras se perdió el control entre los presentes. Como
abrazado a un torbellino multicolor, René González y su esposa aparecían y
desaparecían entre los flashes fotográficos, los besos y abrazos y los
estrechones de todos los que querían conservar una imagen al lado del héroe.
René González junto a los pioneritos de Santiago de Cuba |
René González junto a su pueblo de Santiago de Cuba |
De
Virgilio Estrada no supe hasta ocupar nuestro lugar en el ómnibus de regreso al
terruño de Contramaestre. Temblaba de emoción durante el viaje y la sonrisa no
abandonó jamás el rostro del poeta. En el aire caliente de la ciudad
centenaria, quedó el puño en alto de este humilde cubano y la frase lapidaria:
¡Por fin cumplí mi compromiso